Emilio Gino Segrè

1905 - 1989

Physics

Emilio Gino Segrè

1905 - 1989

Physics

El Premio Nobel exiliado que neutralizó el odio antisemita

El siglo XX acababa de aprender a andar. Era enero de 1905 y Einstein acababa de perfilar su Teoría de la Relatividad Especial teniendo en mente publicarla lo antes posible. En ella, el genio alemán desarrollaba algo sobre lo que ya había dejado constancia Galileo Galilei en 1632: el principio de relatividad en el que hablaba de un barco, movimiento constante y gotas de agua cayendo en un recipiente a pesar del movimiento, así como moscas y mariposas volando a su libre albedrío sin agolparse hacia la popa por culpa del movimiento. La relatividad especial de Einstein se fija en la relación de esos movimientos restringiéndolos a cuando la gravedad no curva el espacio-tiempo.

Lejos de la Escuela Politécnica de Zurich en la que Albert trabajaba desde hacía algún tiempo, en Tivoli, una histórica ciudad del Lacio italiano, Amelia no podía dormir. Una de tantas noches tumbada boca arriba en la cama, sentía que el momento había llegado. Sin hacer mucho ruido, posa su mano izquierda sobre la cadera de Giuseppe a sabiendas de que eso sería suficiente para despertarle. «Giuseppe…», le susurra. Él se gira medio dormido. «¿Emilio?», pregunta. Rápidamente, se calza para acercarse al teléfono más cercano desde el que contactar con la partera. Estamos a principios del siglo XX y no había teléfono en la mayoría de casas, ni se atendían los partos en hospitales. Aquella madrugada del 30 de enero al 1 de febrero, llegaba al mundo Emilio Gino Segrè (Tivoli, 1905 - Lafayette, 1989), el tercero de tres hermanos. Amelia era hija de un conocido arquitecto florentino y Giuseppe un empresario de la industria papelera.

El progreso era un hecho. La bola de nieve era cada vez más y más grande, de la misma manera que el pequeño Emilio crecía jugando a la pelota en aquel viejo patio de colegio con sus compañeros de clase. La niñez de Segrè discurrió entre las calles de Tivoli, su ciudad natal. Una de las urbes cercanas a Roma que gozaron de cierto renombre durante la antigüedad. Entonces era Tibur, famosa gracias al travertino con el que se decoraban los monumentos de la Roma Imperial. Sí, entre ellos, el Coliseo. Los Segrè habían echado raíces allí gracias al arrojo empresarial del padre. Posteriormente, la familia se trasladaría a la capital, donde el joven Emilio cursó sus estudios de bachillerato. Una época en la que el propio Einstein había desarrollado su Teoría de la Relatividad Especial añadiendo la constante que implicaría un cambio en el paradigma. Era 1915 y había entrado en escena la relatividad general, donde la gravedad podía curvar el continuo espacio-tiempo. 

Interesado por los números, en 1922 Segrè se matriculó en la Universidad de Roma en la que decidió embarcarse en los estudios de ingeniería. Pronto se daría cuenta de que su mente era mucho más abstracta de lo que la aplicación práctica en ese campo exigía, y pensó que se había equivocado de carrera. No, no le gustaría ser ingeniero toda la vida. Él necesitaba algo más intangible, más teórico. Por eso, cree que la mejor opción es la Física, con la tremenda suerte de ser tutelado por Enrico Fermi, destacado físico nuclear del siglo XX.

Emilio Segrè con Enrico Fermi

En el año 1928 Emilio termina su tesis y se doctora en Ciencias Físicas, mientras Paul Dirac averigua (a partir de los trabajos de Pauli) algo singular sobre el comportamiento de los fermiones que terminaría definiendo en su famosa ecuación, en la que grosso modo predijo la existencia de soluciones positivas y negativas de la ecuación de Einstein (E=mc2) y la existencia del positrón, el análogo de antimateria del electrón, con carga positiva y espín opuesto. Dicho de otro modo, Dirac había predicho sobre el papel la existencia de la antimateria.

Las obligaciones militares en la armada le frenan durante todo un año y, a su vuelta, reingresa en la universidad como profesor adjunto. Con la mente todavía en la experiencia militar recientemente vivida, pero a la vez pensando en su futuro como investigador, trabaja hasta 1930 bajo el mando de Orso Mario Corbino. Segrè sentía que había acertado cambiando de disciplina. Ese sentimiento se vio reforzado por una de esas notificaciones que uno no espera jamás. La Fundación Rockefeller le había concedido una beca gracias a la cual pudo colaborar con Otto Stern en la Universidad de Hamburgo. «La vita è bella», pensó. Aquel niño que había crecido disfrutando de la belleza italiana, era ahora un joven apasionado al que no le dio miedo abandonar su país para formarse junto a científicos consolidados en Alemania primero y en Holanda después. En Amsterdam aprendió junto a Pieter Zeeman hasta 1932, año en que regresa a Italia. De nuevo en Roma. Y de nuevo con Enrico Fermi. Compañeros y amigos inmersos en la Física Nuclear y la radiactividad inducida a neutrones mientras Paul Dirac compartía con Edwin Schrödinger el Premio Nobel en 1933. 

En febrero de 1936 Emilio da un paso más en su vida al casarse con la también judía Elfriede Spiro, que había escapado de los nazis desde la región de Breslavia; y también lo da en su carrera. Ese año, la Universidad de Palermo le ofrece ser el Director de su Laboratorio de Física. Veía que los avances en su campo eran cuestión de tiempo, y desde hacía no mucho se obtenían resultados muy significativos. Era la época dorada de la cuántica, de lo pequeño. Y así fue. Su primer descubrimiento en el ámbito de la radiactividad artificial no tardó en llegar. Durante el verano, había viajado a EE.UU. con su mujer. Tras una ineludible parada en la Gran Manzana, donde aprovechó para visitar la Universidad de Columbia, viajaron a California. Necesitaba ver el Laboratorio de Radiación de la Universidad de Berkeley. Allí convenció a Ernest O. Lawrence para que le hiciera llegar a Italia algunas de las partes descartadas —por ser radiactivas— de su ciclotrón. Ya en Palermo, y después de unos meses de investigación, su colega Carlo Perrier y él lograron demostrar en 1937 en el laboratorio (mediante química comparativa) la existencia de lo que sería el primer elemento químico artificial: el tecnecio. Elemento número 43 de la tabla periódica (del griego «tecnos», que significa artificial).

Emilio Segrè

Sin embargo, las cosas estaban cambiando en Italia —y Europa— tanto o más que en el campo de la Física. El avance de la ultraderecha en Alemania con Hitler, en España con Franco y en Italia con Mussolini, había generado una situación cada vez más insostenible para ideologías contrarias a ellos. El 14 de julio de 1938 el gobierno de Mussolini promulgaba en Italia una serie de leyes raciales. Aquello fue determinante en su carrera, ya que esas políticas antisemitas de los fascistas terminaron por desposeerle de todos sus cargos, coincidiendo con otra visita a Berkeley antes de la cuál ya había decidido quedarse en EE.UU. La Segunda Guerra Mundial estaba en ciernes y ese panorama socio-político le empujó al exilio. No sería la primera vez que viviría fuera de su Italia natal, pero solo le dolía la forma en la que esta vez se había visto obligado a emigrar. Desde allí escribió una carta a su mujer para que con su hijo Claudio, de casi 2 años, fueran con él. La Universidad de Berkeley no tardó en darle trabajo dentro del grupo del Laboratorio Lawrence de Radiaciones (dependiente de la propia universidad). ¿Es todo física? ¿Es todo química?… A él le daba igual esa batalla. Su interés era otro: investigar. En 1940, Emilio y sus colaboradores Corson y Mackenzie bombardearon bismuto con partículas alfa obteniendo como resultado un inestable compuesto que en un principio pensaron que, al igual que el tecnecio, se trataba de un elemento artificial. Luego se supo que no era así. Lo bautizaron como astato, que en griego significa «inestable», y a ese anuncio hay que añadir la revelación unos meses más tarde del isótopo 239 del plutonio, también radiactivo. En esa ocasión, su compañero fue Glen Theodore Seaborg. El mundo había perdido la cabeza del todo, otra vez. Era la II Guerra Mundial y todo ese trabajo acabó por llevarle a liderar una parte del equipo científico que trabajó en Los Álamos (Nuevo México) en el Proyecto Manhattan entre los años 1943 y 1946, donde se desarrolló la primera bomba atómica. Su trabajo con el plutonio-239 fue fundamental. Quizá por ese compromiso adquirido, solicitó la nacionalidad estadounidense en el año 1944.

Ilustración de Ana Alonso para Ciencia de acogida

Dos años después de terminar la guerra, retomó la docencia en la Universidad de California. El campo de la investigación volvió a dar sus frutos cuando en 1955 Segrè y su colaborador Owen Chamberlain confirmaron en un estudio la detección del antiprotón. Un descubrimiento que les valdría el Premio Nobel en el año 1959. Tras el Nobel, el reconocimiento internacional le tuvo dando vueltas por el mundo para impartir multitud de cursos y conferencias, además de ser  nombrado profesor invitado en las universidades de Columbia, Illinois y Río de Janeiro, y profesor honorario en la de San Marcos de Lima (Perú). En 1974 su círculo se cerraba al recibir el título honorífico como profesor de la Universidad de Roma cuarenta años después de haber dado clases siendo un joven aspirante a todo; la de Palermo le concedería la condición de honoris causa posteriormente. En febrero de 1972, y viudo desde hacía dos años, se había casado en segundas nupcias con la paraguaya Rosa Mines. Ya en 1984 se reconoce su labor nombrándole consejero científico del gobierno italiano.

Emilio Segrè fallecía el 22 de abril de 1989 de un ataque al corazón en Lafayette (EE.UU). Ojalá Galileo, juzgado en pos de la ciencia en el siglo XVII, hubiera sabido que no solo la Santa Inquisición se encargaba de abortar cualquier tipo de progreso por culpa del sesgo religioso. Trescientos años después, Emilio Segrè sufrió las consecuencias del odio antisemita durante una Segunda Guerra Mundial que acabó con los fascistas derrocados y brindándole la oportunidad de descubrir que no todo lo «anti-» tiene por qué ser malo. Y aprovecharse de ello. El antiprotón es un buen ejemplo de ello.

Agradecimientos

Ricardo Abraham Vargas (@LBPA) y Laura Morrón (@lauramorron)

Bibliografía

Biografía Emilio Segrè en mcnbiografias.
Biografía Emilio Segrè en Nobelprice.W
Biografía Emilio Segrè — Scienza a scuola
Artificially Radioactive Element 85 - Physical review journals archive.
Aspetta C´E´Emilio — La Repubblica.it